Síguenos en esta ubicación

Hemos detectado que muchos de vosotros nos seguís a través de la URL https://echadlared.wordpress.com.

Os recordamos que desde hace tiempo este blog está alojado en http://gentedigital.es/comunidad/echadlared.

Muchas gracias por vuestro apoyo y seguimiento.

Anuncios

Nos mudamos

A partir de ahora, podrás encontrar nuestro blog en la siguiente dirección:

http://gentedigital.es/comunidad/echadlared/

Echadlared se integra en la comunidad de Gentedigital. Cambiamos de URL, pero seguimos navegando por los mismos mares…

Te invitamos a que sigas con nosotros en esta nueva etapa que iniciamos con la máxima ilusión. Y, como siempre, te animamos a que te embarques y nos propongas temas y nos plantees dudas o comentarios.

Queremos aprovechar este anuncio para agradecerte el seguimiento, el apoyo y la confianza que nos has demostrado desde nuestros inicios, allá por el mes de mayo de 2010.

Nos seguimos en nuestra nueva dirección 🙂


Audio-homilía: Bautismo de Jesús

Acaba con el Bautismo de Jesús el tiempo de Navidad. Y en él se hace un resumen sintético de lo que hemos celebrado estos días.

El Jesús de este evangelio resume lo que Dios quiere con la Navidad. Y es que el ser humano sienta profundamente que Dios le ama (Tanto amó Dios al mundo -a Lucía, a José, a Vicente, a ti, a mi… a todos nosotros-, que nos ha entregado a su propio Hijo para que nunca experimentemos la soledad).

La escenificación del Bautismo de Jesús es muy provocadora: Jesús espera turno en la cola de personas con la vida rota… Esta adhesión de Jesús a lo roto representa la misericordia infinita de Dios. Jesús demuestra que quiere estar con los desheredados, con los pequeños, con los débiles.

Lo humano, en estado natural, merece que Dios descienda de su paraíso y venga a lavar los pies a una humanidad rota.

El Bautismo del Señor nos invita a no escandalizarnos de lo humano, de los errores, de la fragilidad que nos constituye… Y es que, a veces, somos demasiado jueces de todo: situaciones, personas, etc.

Jesús nos invita a vivir en la gratitud permanente, a identificarnos con la gente que sufre. Dios nos da la posibilidad de ser sus hijos predilectos. Todos somos Hijos predilectos de Dios cuando hacemos del amor la forma de nuestra conducta y nuestra opción de vida.

Bautismo de Jesús

 

Evangelio según San Mateo 3,13-17

Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él.

Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió.

Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él.  Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.

Audio-homilía: Festividad de los Reyes Magos

Esta festividad nos pone ante la actitud de los Reyes Magos y su especial mirada y confianza para dar crédito y seguir una señal.

Nuestra vida depende en gran medida de cómo miramos las señales, cómo miramos lo acontecimientos, cómo nos encontramos con las personas o el crédito que damos a las palabras de los demás.

Los Reyes Magos no ven la oferta y el viaje incierto que se les propone con miedo o con pereza. ¿Cómo somos nosotros con las cosas que nos pasan a diario?: ¿conservadores y anclados en la seguridad o fléxibles y dinámicos?.

Epifanía es manifestación… manifestación generosa y universal…

Si no damos crédito a las continuos mensajes y señales que Dios nos manda día a día, la vida es rutinaria. La existencia se vuelve tremendamente gris si no hay estrellas.

Hoy se nos invita a inaugurar una mirada nueva. La belleza de un paisaje o de una persona depende fundamentalmente de cómo los miramos.

Ojalá que tengamos la mirada, la perseverancia y la valentía de los Reyes y que seamos fieles al paso de cada día… Nuestra vida está llena de señales, de nuevos retos, de momentos en que la estrella desaparece, de instantes en los que tenemos que pedir ayuda y preguntar a los demás… Ojalá que ante estas situaciones seamos capaces de ponernos en movimiento y perseverar en el camino.

Con la gracia de Dios, podemos recorrer este nuevo año como los Reyes: siguiendo las señales y las intuiciones y haciendo caso a lo que Él nos propone.

Festividad de los Reyes Magos 2011

 

Evangelio según San Mateo 2,1-12.

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.  “En Belén de Judea”, le respondieron, “porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel”.

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: “Id e informaos cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayais encontrado, avisadme para que yo también vaya a rendirle homenaje”.

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

A propósito de los propósitos

Cabo Norte (Noruega)

Cabo Norte (Noruega)

Desde hace unos años, durante los primeros días del mes de Enero se habla de los propósitos de año nuevo.

Un propósito es solamente el primer paso, indica que vislumbramos en lo que nos proponemos un camino y una oportunidad. El siguiente paso es aún más importante, se trata de pasar de la propuesta a la decisión firme. Cuando decidimos, ejercemos nuestra libertad y, de alguna forma, ya hemos iniciado el cambio.

Comenzar un año nuevo es un motivo de esperanza. Por experiencia, sabemos que necesitamos fundamentar nuestra esperanza en Alguien seguro y que nos inspira confianza. ¿Quién mejor que Dios? ¿Quiénes mejor que las personas que nos quieren de verdad?

Sin el apoyo de los otros y de ese Otro, que se nos ha hecho cercano en Jesús de Nazaret, a través de la Virgen María; los propósitos, que antes nos ilusionaban, empiezan a parecernos cuestas empinadísimas y nos puede venir el desánimo.

He comenzado este año 2011 no ya con un propósito nuevo sino con la decisión de mirar hacia delante confiando, creyendo y esperando de forma activa, con la decisión de continuar dedicando tiempo a la oración y al encuentro personal con nuestro Dios, con el deseo de estar más cercana y abierta a las personas con las que comparto, con el reto de comunicar la fe y la paz, con el compromiso de realizar mi parte en la misión con paciencia y constancia.

Está bien ponernos tareas concretas que nos lleven a alcanzar el objetivo, a través de pequeñas metas.  (Cosas tales como: leeré cada día la Palabra de Dios, dedicaré más atención a mi familia, haré alguna acción diaria o semanal para reflexionar o meditar, me ocuparé de cuidar mejor mi salud con algo de ejercicio físico, una alimentación correcta y un descanso suficiente, intentaré tender puentes con aquellas personas con las que necesito mejorar mi relación, me ocuparé de realizar alguna actividad durante el año que me ayude a formarme en algo que me interese.) En definitiva, se trata de encontrar medios que nos aporten armonía con la naturaleza, con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Lo esencial es ser consciente de que Dios nos da, no sólo un nuevo año de tiempo, sino un año de su Gracia, de su Amor. Un año para contar de nuevo con Él, para vivir renovados.

Como dijo alguna vez a sus discípulos Jesús: a cada día le basta su propio afán. Los propósitos que hemos vislumbrado se han de realizar en el día a día. Probablemente encontraremos dificultades internas y externas pero eso será señal de que estamos vivos y en camino de verdad. Cuando al final de la jornada echemos la vista atrás veremos las huellas en la arena. En aquellos momentos en los que nos hayamos sentido solos, descubriremos que sólo se ve un par de huellas, son las huellas de Dios que nos lleva con amor en sus brazos.

Audio-homilía: Y la palabra se hizo carne

Las primeras líneas del Evangelio de San Juan pueden parecer muy filosóficas, pero nos ponen de manifiesto que el Niño, cuyo nacimiento estamos celebrando, es la palabra que desde el principio Dios ha destinado para la humanidad. Ese Niño es nuestro manual de instrucciones, nuestra principal etiqueta.

¿Cómo queremos que se nos etiquete?… ¿Por nuestros títulos?, ¿por nuestro cuerpo?, ¿por nuestros logros?, ¿por nuestras posesiones?…

Este evangelio nos dice: “haced caso a Aquel que os explica quiénes sois”. Ojalá nuestra etiqueta sea”Made in Dios”. Nuestra única forma de funcionar bien es amar. Si amamos, seremos felices. Si creemos lo que la Palabra dice nosotros, vivámoslo. Los cristianos somos la publicidad de Dios.

Y la palabra se hizo carne

 

Evangelio según San Juan 1,1-18


Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.  Al principio estaba junto a Dios.  Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él, al declarar: “Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”.

De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

¿Qué le pido al nuevo año? Obreros para la mies.

Introducción. Sería muy extraño que un mecánico en su taller de reparación de coches se enfadara porque le llevan un motor roto o una carrocería destrozada. También sería muy extraño que, en la sala de urgencias de un hospital, los médicos y los enfermeros estuvieran indignados porque una ambulancia les llevara pacientes enfermos, con síntomas graves, que necesitaran una rápida intervención, para salvarles la vida. Desde fuera lo que les diríamos es que su trabajo es justo ese. Los médicos están para atender a los enfermos. Y los mecánicos para arreglar los coches. No entenderíamos sus protestas y sus quejas porque para eso están. Lo mismo nos pasa a los creyentes y a los amigos de Jesús. Estamos para ser instrumentos de paz, de amor, de vida. No podemos maldecir las tinieblas. Estamos llamados a encender nuestra luz.

Pues en estos primeros día del nuevo año siento que todos los que formamos esta amplia comunidad de personas sensibles a los demás, que buscamos de forma humilde que la vida se convierta en una aventura, en una fiesta gozosa, en un sorprendernos día a día del milagro que supone estar vivo, poder amar, sonreír, cantar, saltar, bailar, agradecer, me parece que tenemos una responsabilidad que es aprender a integrar lo negativo en nuestra vida y tener la capacidad de transformarlo y acogerlo como escuela de amor. Ojalá que en el nuevo año que estamos estrenando, la queja, la protesta, la crítica, el enfado y la impaciencia no tengan espacio en nuestras vidas, en nuestras palabras y en nuestro corazón. Ya está bien de personas de fe encrespadas, enervadas, violentas, con expresiones de rencor, de ira, de rechazo, que, en vez de mostrarnos de forma atractiva el rostro de Dios, nos provocan rechazo y ganas de apostatar y de alejarnos de todo lo que suene a religioso. No podemos estar quejándonos de las circunstancias que vivimos, de la gente que nos rodea, de la época que nos ha tocado vivir o de la crisis. El Señor nos invita a sentirnos enviados a poner paz, amor, alegría, a los ambientes que nos rodean, de tristeza, de frialdad, de silencio. Somos los enviados del que vive. Del resucitado. Del recién nacido, el niño del pesebre, que indefenso, saca de nosotros la sonrisa que ya nunca se debía borrar. No podemos olvidar quien es nuestro amigo, el que nos ha llamado a la vida desde antes de nacer y nos ha confiado esta misión.

Lo que Dios nos dice. “Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré, te constituí profeta de las naciones. Yo repuse: -¡Ay Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que sólo soy un niño. El Señor me contestó:- No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte. El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo: -Voy a poner mis palabras en tu boca.” Jr 1,5-9. Claro que todo sería más fácil si no tuviéramos a nuestro alrededor nada que nos molestase, que nos hiciera sufrir. Sería una maravilla que nuestro mundo no tuviera muerte, enfermedad, vejez, Alzheimer y cáncer. Personas orgullosas y prepotentes. Que no existiera la injusticia y la desigualdad. Claro que deseamos profundamente el cielo en la tierra. El paraíso y la plenitud aquí y ahora. Sería súper cómodo levantarnos cada mañana sin nada más que hacer que gozar, reír y compartir lo que Dios nos da. Y justo eso es lo que tenemos que hacer, a lo que estamos llamados.

Pero partiendo del realismo de que somos pecadores, de que el mundo en el que vivimos, fruto de la ignorancia y de la maldad de los hombres, ha transformado el paraíso en un infierno, nos afecta de una manera muy real y muy dolorosa. Nocivas son muchas de las relaciones humanas. Contaminadas de egoísmo, la gran pandemia del siglo XXI, son muchas de las palabras que nos decimos y de los deseos que tenemos. Por eso vino la Encarnación. Por eso Dios nos envió a su propio Hijo. “Tanto amó Dios al mundo que nos ha entregado a su hijo único. Para que todo el que crea en él, no perezca, sino que tenga vida eterna”. Jn 3,16. Jesús es la expresión del amor de Dios. Es lo que Dios ha deseado que sus hijos vivamos. Es la imagen del Dios invisible y por eso su vida se vuelve nuestro camino, verdad y vida. Nuestro manual de instrucciones. Nuestra etiqueta, en la que encontramos respuesta a todas nuestras preguntas.

“Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de medico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificios: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores”. Mt 9,9-13.

Cómo podemos vivirlo. Jesús no juzga a nadie y menos a los pecadores. Sabe que se comportan de esa manera porque no conocen otra forma de vivir y de actuar. Y Jesús les invita a que prueben una experiencia nueva. La de sentirse acogidos, amados, rescatados. Eso mismo es nuestra misión. No tenemos que mirar a los demás con los criterios de un casting o de una entrevista de trabajo. Todos somos igualmente valiosos a los ojos de nuestro Padre. Lo que nos toca es invitar a la gente más alejada a que participe del banquete del Reino, de la familia reunida, de la acogida sincera de cómo somos cada uno. Banquete de tolerancia, de respeto a las diferencias, de casa grande donde todos cabemos. Le pido al nuevo año que cada uno de nosotros nos sintamos invitados a construir la familia de los hijos de Dios, aunque suponga mucho esfuerzo al ver a tantos hermanos tan alejados y tan distantes.